EL OPERATIVO SECRETO QUE PODRÍA REABRIR EL CASO COLOSIO: Harfuch entra a la clínica de Diana Laura
En las últimas semanas, un operativo ordenado directamente por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ha vuelto a poner en el centro de la atención nacional uno de los capítulos más dolorosos y controvertidos de la historia política mexicana.
Esta vez no se trata de un rancho, una mansión o un escondite del crimen organizado.
El objetivo fue una clínica privada en la Ciudad de México, el mismo lugar donde Diana Laura Riojas, viuda de Luis Donaldo Colosio, pasó sus últimos días de agonía antes de morir el 18 de noviembre de 1994.
Lo que los equipos de inteligencia y peritos encontraron al ingresar con orden judicial ha sido descrito en círculos cercanos a la investigación como “atroz” y “potencialmente explosivo”.
Documentos que nunca debieron desaparecer, registros médicos incompletos o alterados, archivos guardados en lugares que no correspondían a un expediente clínico normal y evidencias que sugieren que el calvario de Diana Laura no fue solo una tragedia personal provocada por un cáncer de páncreas agresivo, sino algo mucho más siniestro: un posible silencio impuesto desde las más altas esferas del poder.
Diana Laura Riojas tenía apenas 36 años cuando recibió el diagnóstico devastador de cáncer de páncreas en etapa avanzada, semanas antes del asesinato de su esposo el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana.
Mientras México entero se conmocionaba con la muerte del candidato presidencial del PRI, ella libraba una doble batalla: el duelo por el hombre que amaba y una enfermedad que avanzaba sin piedad.

Ocho meses después, el 18 de noviembre de 1994, falleció dejando huérfanos a dos niños pequeños: Luis Donaldo y Mariana.
Oficialmente, su muerte fue atribuida al cáncer.
Pero desde entonces han persistido rumores, sospechas y preguntas sin respuesta.
¿Por qué su deterioro fue tan rápido después del magnicidio? ¿Por qué algunas personas cercanas afirmaron que ella sabía demasiado sobre lo que realmente ocurrió el 23 de marzo? ¿Y por qué, en sus últimos días, su voz se fue apagando en medio de un silencio que muchos interpretaron como conveniente para el sistema político de la época?
Harfuch, conocido por operativos de alto impacto y por no temer tocar temas sensibles, firmó la orden de cateo tras recibir información de inteligencia que señalaba irregularidades en el manejo de los expedientes médicos de Diana Laura.
El operativo se realizó en las primeras horas de la mañana, con un dispositivo discreto pero contundente: agentes de la Secretaría de Seguridad, peritos de la Fiscalía General de la República y especialistas en documentación forense entraron a la clínica sin previo aviso mediático.
Lo que hallaron en los archivos internos y en espacios de almacenamiento que no formaban parte del expediente oficial ha dejado perplejos a los investigadores.
Según fuentes cercanas al caso, aparecieron registros con fechas alteradas, anotaciones que no coincidían con los tratamientos aplicados, y documentos que parecían haber sido guardados intencionalmente fuera del sistema principal, como si alguien hubiera querido ocultarlos o hacerlos desaparecer con el tiempo.
Uno de los hallazgos más inquietantes serían comunicaciones internas y notas que sugieren presiones externas para limitar el acceso de la familia y de ciertos médicos a información completa sobre el estado real de Diana Laura.
También se mencionan indicios de que algunos tratamientos paliativos podrían haber sido administrados de manera irregular, aunque por el momento las autoridades no han confirmado si esto apunta a una negligencia médica deliberada o a algo aún más grave.
Diana Laura no era solo una viuda doliente.
Tras el asesinato de Colosio, se convirtió en una figura incómoda para el sistema.
Exigió justicia, cuestionó públicamente la versión oficial de que Mario Aburto había actuado solo, y en más de una ocasión dejó entrever que había “evidencias de una planificación mayor”.
Su fortaleza y dignidad conmovieron al país, pero también generaron temor en quienes no querían que la investigación avanzara más allá del tirador solitario.
En sus últimos meses, mientras el dolor del cáncer la consumía, Diana Laura seguía recibiendo visitas discretas y haciendo llamadas que, según algunos testigos de la época, ponían nerviosos a ciertos círculos políticos.
Su voz, que había resonado con fuerza en el funeral de su esposo, se fue apagando poco a poco en esa clínica.
Y ahora, más de treinta años después, Harfuch parece decidido a descubrir si ese silencio fue solo consecuencia de la enfermedad… o fue ayudado desde afuera.
El cateo ha generado una ola de reacciones inmediatas.
Familiares cercanos a los Colosio Riojas han pedido prudencia, pero también transparencia total.
Sectores de la oposición ven en este operativo una oportunidad para reabrir heridas que nunca sanaron del todo en la transición democrática mexicana.
Mientras tanto, voces del viejo sistema guardan un silencio prudente, aunque algunos analistas ya advierten que cualquier hallazgo concreto podría tener consecuencias impredecibles en la narrativa oficial de los años 90.
Los peritos trabajan bajo estricta cadena de custodia.
Cada documento, cada anotación, cada discrepancia está siendo analizada con tecnología forense moderna que no existía en 1994.
El objetivo no es solo esclarecer las causas médicas de la muerte de Diana Laura, sino responder una pregunta que sigue flotando en el imaginario colectivo mexicano: ¿hasta dónde llegó el poder para callar voces incómodas en aquella época turbulenta?
Harfuch ha sido claro en sus círculos cercanos: este no es un caso cerrado del pasado.
Es una investigación activa que busca verdad, no revancha.

Pero la verdad, cuando toca los cimientos del poder político mexicano de los noventa, siempre duele.
Mientras los laboratorios analizan los materiales extraídos de la clínica, el país vuelve a mirar con atención renovada hacia esa mujer frágil de cuerpo pero de acero en convicciones que, incluso en sus últimos días, se negó a callar del todo.
Diana Laura Riojas exigió justicia por Colosio hasta el final.
Ahora, décadas después, un cateo ordenado por Harfuch podría estar a punto de revelar si esa justicia también le fue negada a ella.
La historia de 1994 no ha terminado.
Simplemente estaba esperando el momento en que alguien se atreviera a abrir las puertas que quedaron cerradas.